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OPINION PSFMX  | Herramientas psicológicas para la contención de los efectos de las epidemias

Dr. Sergio Galán Cuevas, Coordinador de Investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, miembro del Comité Directivo de Psicólogos sin Fronteras México.

Un poco de historia El principio de evolución de los seres vivos que habitamos la tierra ha sido la norma. Algunos cambian de manera acelerada y otros muy lentamente. Pero todos cambian, los virus, las bacterias, las plantas, los insectos, las aves, los mamíferos, todos sin excepción nos transformamos. La historia da cuenta de los seres humanos, por ello haremos un énfasis especial en esta especie. Podemos considerar, que, desde sus inicios, como una rama de los mamíferos, le prestamos una particular atención a nuestros hijos, pues viven con nosotros muchos años. Los alimentamos, los cuidamos de las amenazas y si enferman, nos ocupamos de darles toda nuestra atención posible. Este proceso lo vivimos también entre adultos. Pero no solo nos cuidamos en familia, nuestros instintos gregarios nos llevan a reunirnos con otras personas y familias, así fuimos creando comunidades, pueblos, países. En sus inicios, fuimos domesticando animales como los perros, los gatos, las reses, los caballos y un largo, etcétera. Con frecuencia estos animales vivían dentro de los hogares o muy cerca de nosotros, por ello, aunado a nuestra necesidad de alimentarnos, estaba también la necesidad de deshacernos de nuestros desechos fisiológicos. En un primer momento solo por sus malos olores. No porque pensáramos que ellos podían promover que nos enfermaramos. Al principio consideramos que el hecho de estar sanos o enfermos, era una responsabilidad divina, los dioses decidían nuestro destino. Tuvieron que pasar muchos años, para que lográramos entender que los micro-bios (separado, para que lo asimilemos mejor), son los responsables de algunas de las enfermedades que padecemos. Existen diferentes modelos de clasificación de las patologías, por ello solo haremos referencia a la perspectiva de la salud pública, desde la percepción de un psicólogo. En general, podemos decir que hay enfermedades de transmisión por vector y las que no lo son. De ellas hemos aprendido muchas cosas, por ejemplo, para que desarrollemos rabia, requiero que este virus penetre mis defensas inmunológicas, como es el caso de mi piel, si no la atraviesa no enfermaré ya que no hay otra forma de adquirirla. Existen otras enfermedades que se transmiten por el agua, como es el caso del cólera, solo bebiendo agua contaminada puedo enfermar, si no tomo agua contaminada, no me enfermaré de cólera. Otras se transmiten por que los virus y las bacterias viajan por el aire, y cuando invaden un organismo lo atacan con el propósito de reproducirse. Pero el organismo tiene un sistema de defensa, con el cual puede contra atacar y enfrentar la invasión, el resultado puede ser, dependiendo de la fortaleza de ese sistema, la recuperación, alguna incapacidad o la muerte. Como seguramente estarán sospechando, a lo largo de la historia hemos enfrentado, como especie, multitud de epidemias, hoy enfrentamos otra, la del COVID 19, y una vez que controlemos esta, tendremos que prepararnos para la siguiente.

El peso de la historia Aunque seguramente muchas epidemias tuvieron su origen desde tiempos prehistóricos, tenemos una mejor aproximación a estos fenómenos a partir de la invención de la escritura, ya que podemos dejar asentadas nuestras experiencias con las enfermedades. Tucídides, escribió en “Las guerras del Peleponeso” la confrontación entre Atenas y Esparta, y por primera vez, sin considerar la intervención de los dioses, otorgando a todos estos fenómenos un carácter terrenal y aborda el problema de las epidemias alrededor de 400 años A. C. La descripción que hace este historiador lleva a sospechar que muy probablemente en Atenas se presentó una epidemia de fiebre tifoidea, que acabó con un tercio de los ejércitos griegos. Desde ese momento, el desarrollo de las ciudades se asoció al de una epidemia tras otra, en Roma, 165 años después del nacimiento de Cristo, se reporta una epidemia de viruela, quizá una de las enfermedades que más personas ha matado desde entonces. Posteriormente llega a Constantinopla la peste bubónica, que se estimó mataba alrededor de 10 mil personas por semana. La llegada de Cristobal Colón a América, trajo consecuencias devastadoras para las civilizaciones locales, por las enfermedades que portaban las cuales acabaron con muchas poblaciones y las personas que huían, que eran portadoras, contaminaban los lugares a donde llegaban. Con poco menos de 700 hombres y 16 caballos, Hernán Cortés desembarca en Veracruz y lograron acabar con el ejército Azteca, cuya estimación es de entre 400 a 700 mil guerreros. Su mejor aliado de Cortés, la viruela, el sarampión y el tifo las cuales acabaron con 8 millones de personas en todo el imperio. Aunque se menciona en la historia que los turcos tenían procedimientos de vacunación hace centenares de años, fue hasta que Jenner, en 1796, da a conocer los resultados de sus estudios sobre la viruela, que podemos decir que se cuenta con un procedimiento conocido para su elaboración. Pero no es hasta que Pasteur demuestra que se puede construir una vacuna contra la rabia, que se empiezan a generalizar estos hallazgos y esto sucedió hasta 1857. Sin embargo, en todo el mundo las epidemias, las guerras, los desastres naturales y todo lo que afecta el desarrollo de la vida han sido incapaces de acabar con los seres humanos, ya que a todas estas adversidades las hemos enfrentado con éxito y cada vez somos más personas las que vivimos en el planeta tierra. La demografía nos muestra que, de unos cuantos habitantes en la edad de piedra, nos hemos desparramado por todos los continentes y todos los climas, que 10 mil años A. C., apenas vivían alrededor de 1 millón de homo sapiens, pero para el año 0, llegamos a los 200 millones, para el año 1800, apenas alcanzamos los 1 mil millones de personas, sin embargo, para 1900, ya había poco menos de 2 mil millones, hasta llegar a nuestros días con alrededor de 8 mil millones de personas en el mundo. Por ello casi todos los países dieron inicio a diversos programas para la contención de los nuevos nacimientos, esto es, nos estamos auto limitando, de lo contrario seguiríamos creciendo de una manera muy peligrosa.

El comportamiento y la salud o la enfermedad Como se sabe, hay diversos tipos de enfermedades, aquí sólo nos limitaremos a observar lo que podemos realizar en las enfermedades infecto-contagiosas transmitidas por algún vector conocido. En la edad media, en las villas europeas se vivía en condiciones de hacinamiento poblacional y no existían medidas higiénicas para deshacerse de nuestros desechos, no había drenajes, no se contaba con una fuente de agua potable en cada casa, no se hervía el agua de consumo y con frecuencia se contaba con perros, gatos y otros animales en los interiores. Entre ellos las ratas y sus pulgas, transmisoras, entre otras enfermedades, de la peste bubónica. Pese a que desde las primeras civilizaciones se conocían los drenajes, sólo hasta la segunda mitad del siglo XVIII se construyen los de la ciudad de París y de ahí se llevan al resto de las ciudades al observar una disminución muy importante en las enfermedades, sin embargo, llevar el agua a cada casa, fue más tardado y se observaron algunos problemas por este motivo. En 1848, John Snow, un médico inglés, observa una gran epidemia de Cólera en Londres y trata de determinar qué es lo que la producía, sus sospechas recayeron en que la ingesta de agua contaminada era la responsable de la epidemia. Pese a que no logró identificar la bacteria que la produce, sus procedimientos de observación de la mortalidad y la morbilidad dieron origen propiamente a la Salud Pública. Hoy en día sabemos, que si tomamos agua potable, que si contamos con una buena higiene corporal, difícilmente podemos enfermarnos de ésta enfermedad. Pero si enfermamos y recibimos atención oportuna para no deshidratarnos, el riesgo de morir es bajo. La influenza o gripe estacional, fue conocida desde el siglo XV, y se decía, en aquel momento, que era la “influencia de las estrellas” la que lo provocaba. Existen cuando menos cinco tipos de virus que producen la gripe, los cuales viajan por el aire que es expulsado por las personas enfermas. Aunque no se originó en ese país, la denominada influenza española, se estima mató alrededor de 40 millones de personas entre 1918-1920 en todo el mundo. Entre otras cosas alteró el resultado de la 1ª guerra mundial, afectando principalmente al ejército alemán quien ya no se pudo recuperar, ya que posteriormente perdió la guerra.

El mundo del siglo XXI Cuando hablamos de virus que están presentes en el aire, debemos saber que una vez que penetran nuestro organismo, podamos ser portadores, sin presentar síntomas, como consecuencia podemos infectar a otros aún sin saberlo. Pero también es posible enfermar presentando signos y síntomas que con frecuencia son muy visibles, cuerpo cortado, dolor de cabeza, estornudos e incremento de la temperatura corporal, entre otros. Por ello, la distancia social, es la primera de las medidas que debemos tomar, evitando las aglomeraciones, ya que una sola persona puede provocar que con ésos virus se contaminen más personas y como consecuencia enfermen y algunos de ellos mueran. Cuando una persona se enferma, tose, estornuda o simplemente habla con otros, en ese momento de sus pulmones contaminados se expelen grandes cantidades de virus que pueden infectarnos. Por lo tanto, cuando sabemos que la vía de transmisión es aérea, la mejor medida para evitar enfermarnos es no reunirnos en grandes grupos y que las personas enfermas deben de tener diversos cuidados, sobre todo para no contaminarnos. Preferentemente usar tapabocas, para disminuir el riesgo de que al expulsar sus virus éstos nos contagien, quedarse en casa realizando actividades constantes de lavado de manos e higiene corporal es muy importante. Las personas que presenta síntomas, deberán acudir a los servicios médicos solo si la temperatura se incrementa por arriba de los 38° centígrados y se presenta tos seca, de lo contrario puede ser una gripe estacional y no tiene caso llenar los servicios de salud, por este problema. Aún en el primer caso, existen procedimientos de valoración que permiten saber si se tiene o no coronavirus, de esta manera se sabrá que hacer en el caso de ser positivo. No es útil que una persona sana utilice tapabocas, este producto sólo debe de ser usado por el personal de salud o los enfermos, el tapabocas es insuficiente para contener la entrada de los virus a nuestro cuerpo. No saludarnos de mano o de besos, incrementar el lavado de mano y la higiene corporal son las mejores medidas de contención, aprendamos a saludarnos haciendo una reverencia, tocándonos el corazón y entre mayor distancia pongamos con una persona enferma, disminuirá los riesgos de enfermar.

El estrés y la salud El miedo, la frustración, la ansiedad y el estrés son emociones que traemos incorporadas entre nuestras herramientas necesarias para la vida, por si mismas estas emociones nos pueden salvar del peligro, cuando son muy repentinas, pero en ocasiones, no sabemos muy bien por qué, se prolongan en el tiempo y se vuelven crónicas, por lo tanto, empezamos a manifestar malestares diversos, dolores, respiración acelerada, dificultades de concentración, sudoración de las manos, taquicardias, entre otras. Cuando nuestros mecanismos de afrontamiento son rebasados, presentamos algunos de estos síntomas, algunas personas se deprimen, se enojan con facilidad, comen más de lo necesario o dejan de ingerir alimentos, lloran sin motivo alguno. Esas personas necesitan apoyos para poder salir de estos sentimientos confusos. La desesperanza, la depresión o la ira, también se presentan, en ocasiones al mismo tiempo, por ello debemos reconocer nuestros estados de ánimo, empezando por darle un nombre y decirle a los demás cómo no sentimos, seguramente los demás lo entenderán, hay que hablar sobre cómo nos sentimos, pero también escuchar a los que nos acompañan. Existen diversas técnicas de respiración profunda que ayudan en estos momentos, así como ejercicios de relajación muscular, es el momento de que nos comuniquemos con los otros y les proporcionemos información. Para empezar, informar a los niños que las escuelas cerraron con el propósito de disminuir el riesgo de enfermarnos, que es una situación temporal, que en unos días recuperaremos nuestras actividades cotidianas. Los adultos tenemos que recuperar la comunicación con nuestra familia, definir propósitos para el futuro, este evento, sin lugar a dudas pasará. Reconocer también que el estrés post-traumático existe, que inclusive semanas después de que pase la epidemia, habrá personas que se sientan emocionalmente perturbadas, pueden ser niños, adolescentes o adultos, no hay límite de edad, pero hay que ofrecerles la posibilidad de que puedan aprender a resolver estos problemas con la ayuda de profesionales. Psicólogos sin Fronteras México, hará lo pertinente para apoyar a quién lo requiera en todo el país.

Conclusión Las epidemias nos acompañan en nuestro desarrollo como civilizaciones, en el futuro habrá más, pero aprendamos de lo que vivimos hoy, para planear las siguientes. Hemos tratado de mostrar que no es posible eliminarlas que, si bien cada vez tenemos más recursos, nunca serán suficientes. Por lo tanto, nuestra responsabilidad implica que nos cuidemos unos a otros, que atendamos las indicaciones para lograr superar esta etapa, que la información puede ser excesiva y contradictoria, que nos podemos sentir descontrolados, pero que podemos enfrentar todos estos problemas, entender que algunas personas no requieren de nadie para superar las adversidades, pero que hay otras a las que hay que ofrecerles apoyo, entendamos que no somos iguales todos. Psicólogos sin Fronteras México, es una organización sin fines de lucro, podemos intervenir en situaciones de crisis, como la que estamos viviendo, tenemos presencia nacional, pueden contar con nosotros.

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